En la
India se superponen siglos de historia que, al igual que en los textos
homéricos, fusionan la historia con el mito en sus orígenes más fundacionales, y
que incluso releva, tras capas de mitología, un pasado aún más remoto, de
civilizaciones anteriores a estos testimonios. Hoy día es este un país
superpoblado, asfixiado por tubos de escape, dónde la extrema pobreza convive con el poder nuclear.
En medio
de tanto desespero y desamparo es fácil hoy en día caer en los desvaríos de la
fe religiosa, nacionalista o consumista. Es fácil abandonarse al flujo de las
pasiones y aceptar el designio fatal del egoísmo, recluirse en una resignación,
la miseria, el cinismo, el orden preestablecido, en el sometimiento a las leyes
y reglas parecen regir el mundo y justificar la crueldad.
Pankaj
Mishra quiere ver en el Buda una persona que, aterrado por el peso de tamaña
imposición, fue capaz de buscar, encontrar y cultivar una libertad interior
capaz de crecer en medio de la vorágine de guerras, cambios demográficos,
incertidumbres y extremismos que también se vivieron en su época.
Pero, al
igual que hubiera querido el mismo Buda, no traza el perfil de este hombre desde
la estática eternidad de su mito, sino que remonta desde su propia vida, a
través de un viaje que camina en ambos sentidos del tiempo, y a través varios
continentes. Cuenta que cuando los occidentales llegaron a la India, la figura histórica
del Buda se había fosilizado en los cultos religiosos. Las universidades a las
que viajeros de toda Asia acudieron en su momento buscando profundizar en sus
enseñanzas, perdidas.
Mishra
crece en una sociedad, si no occidentalizada, sí al menos inspirada por los
ideales del progreso técnico y económico. Su búsqueda del Buda la guían los
primeros exploradores europeos, atraídos por el aura de misterio que envolvía
su leyenda. Más adelante se adentrará en su pensamiento a través de las
reflexiones que de él hizo también Nietzsche.
Es un
libro profundamente humano, en el que Mishra recupera la figura del Buda como
la de un médico, como alguien que construyó su filosofía y ejemplarizó con su
vida, con la sola intención de aliviar al ser humano de su sufrimiento. No
profundiza en su filosofía, pero a cambio nos dibuja bellamente el contexto en
el que la expuso.
Desde sus
orígenes hasta su muerte, envejecemos con el Buda, pero a la vez crecemos con
el autor, acompañándole desde sus humildes orígenes en las planicies índicas al Himalaya, Londres, Afganistán, San Francisco, en su reflexión llena de
compasión sobre el nacionalismo, la miseria, la ignorancia y el resto de males
de nuestro mundo.
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