sábado, 6 de mayo de 2017

Para no sufrir más


  

En la India se superponen siglos de historia que, al igual que en los textos homéricos, fusionan la historia con el mito en sus orígenes más fundacionales, y que incluso releva, tras capas de mitología, un pasado aún más remoto, de civilizaciones anteriores a estos testimonios. Hoy día es este un país superpoblado, asfixiado por tubos de escape, dónde la extrema pobreza convive con el poder nuclear.
En medio de tanto desespero y desamparo es fácil hoy en día caer en los desvaríos de la fe religiosa, nacionalista o consumista. Es fácil abandonarse al flujo de las pasiones y aceptar el designio fatal del egoísmo, recluirse en una resignación, la miseria, el cinismo, el orden preestablecido, en el sometimiento a las leyes y reglas parecen regir el mundo y justificar la crueldad.
Pankaj Mishra quiere ver en el Buda una persona que, aterrado por el peso de tamaña imposición, fue capaz de buscar, encontrar y cultivar una libertad interior capaz de crecer en medio de la vorágine de guerras, cambios demográficos, incertidumbres y extremismos que también se vivieron en su época.
Pero, al igual que hubiera querido el mismo Buda, no traza el perfil de este hombre desde la estática eternidad de su mito, sino que remonta desde su propia vida, a través de un viaje que camina en ambos sentidos del tiempo, y a través varios continentes. Cuenta que cuando los occidentales llegaron a la India, la figura histórica del Buda se había fosilizado en los cultos religiosos. Las universidades a las que viajeros de toda Asia acudieron en su momento buscando profundizar en sus enseñanzas, perdidas.
Mishra crece en una sociedad, si no occidentalizada, sí al menos inspirada por los ideales del progreso técnico y económico. Su búsqueda del Buda la guían los primeros exploradores europeos, atraídos por el aura de misterio que envolvía su leyenda. Más adelante se adentrará en su pensamiento a través de las reflexiones que de él hizo también Nietzsche.
Es un libro profundamente humano, en el que Mishra recupera la figura del Buda como la de un médico, como alguien que construyó su filosofía y ejemplarizó con su vida, con la sola intención de aliviar al ser humano de su sufrimiento. No profundiza en su filosofía, pero a cambio nos dibuja bellamente el contexto en el que la expuso.
Desde sus orígenes hasta su muerte, envejecemos con el Buda, pero a la vez crecemos con el autor, acompañándole desde sus humildes orígenes en las planicies índicas al Himalaya, Londres, Afganistán, San Francisco, en su reflexión llena de compasión sobre el nacionalismo, la miseria, la ignorancia y el resto de males de nuestro mundo. 

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