sábado, 13 de mayo de 2017

La Gran Compasion, Torei Zenji

Por tanto, la gran compasión es como el cielo, porque abarca todos los seres vivos; la gran compasión es como la tierra, porque produce todas las enseñanzas; la gran compasión hace posible ver la naturaleza de buda, primero clarificando el conocimiento verdadero por amor a los demás. La gran compasión hace posible sobrepasar barreras insoslayables, sumergiéndose en las profundas enseñanzas más y más por amor a los demás. La gran compasión hace posible penetrar lo trascendental, buscando una vida más allá para los demás. La gran compasión puede desarrollar aplicaciones poderosas, entregándose en esta senda por amor a los demás. La gran compasión puede cultivar la intrepidez, manteniéndonos vigorosamente vivos por amor a los demás. La gran compasión hace posible traspasar la regresión, porque la mente está dispuesta en su amor por los demás. La gran compasión puede producir un aprendizaje vasto, estudiándolo todo por amor a los demás. La gran compasión produce erudición, a través de la deducción de los principios de las cosas, por amor a los demás. La gran compasión trae consigo bendiciones, por resultar provechosa para los demás. La gran compasión puede fulminar las aflicciones, sacrificando el cuerpo, la vida y los bienes por los demás. La gran compasión puede extirpar la soberbia, actuando con benevolencia hacia los demás. La gran compasión permite el desapego de la fama y el lucro, basándolo todo en la verdad por los demás. La gran compasión te permite entrar en el reino de la realidad, porque no hay ningún sitio al que no vaya por amor a los demás.





Torei Zenji
La Imperecedera Lámpara del Zen

(traducción de la versión inglesa de Thomas Clearly por Pablo Mokusei)

sábado, 6 de mayo de 2017

Para no sufrir más


  

En la India se superponen siglos de historia que, al igual que en los textos homéricos, fusionan la historia con el mito en sus orígenes más fundacionales, y que incluso releva, tras capas de mitología, un pasado aún más remoto, de civilizaciones anteriores a estos testimonios. Hoy día es este un país superpoblado, asfixiado por tubos de escape, dónde la extrema pobreza convive con el poder nuclear.
En medio de tanto desespero y desamparo es fácil hoy en día caer en los desvaríos de la fe religiosa, nacionalista o consumista. Es fácil abandonarse al flujo de las pasiones y aceptar el designio fatal del egoísmo, recluirse en una resignación, la miseria, el cinismo, el orden preestablecido, en el sometimiento a las leyes y reglas parecen regir el mundo y justificar la crueldad.
Pankaj Mishra quiere ver en el Buda una persona que, aterrado por el peso de tamaña imposición, fue capaz de buscar, encontrar y cultivar una libertad interior capaz de crecer en medio de la vorágine de guerras, cambios demográficos, incertidumbres y extremismos que también se vivieron en su época.
Pero, al igual que hubiera querido el mismo Buda, no traza el perfil de este hombre desde la estática eternidad de su mito, sino que remonta desde su propia vida, a través de un viaje que camina en ambos sentidos del tiempo, y a través varios continentes. Cuenta que cuando los occidentales llegaron a la India, la figura histórica del Buda se había fosilizado en los cultos religiosos. Las universidades a las que viajeros de toda Asia acudieron en su momento buscando profundizar en sus enseñanzas, perdidas.
Mishra crece en una sociedad, si no occidentalizada, sí al menos inspirada por los ideales del progreso técnico y económico. Su búsqueda del Buda la guían los primeros exploradores europeos, atraídos por el aura de misterio que envolvía su leyenda. Más adelante se adentrará en su pensamiento a través de las reflexiones que de él hizo también Nietzsche.
Es un libro profundamente humano, en el que Mishra recupera la figura del Buda como la de un médico, como alguien que construyó su filosofía y ejemplarizó con su vida, con la sola intención de aliviar al ser humano de su sufrimiento. No profundiza en su filosofía, pero a cambio nos dibuja bellamente el contexto en el que la expuso.
Desde sus orígenes hasta su muerte, envejecemos con el Buda, pero a la vez crecemos con el autor, acompañándole desde sus humildes orígenes en las planicies índicas al Himalaya, Londres, Afganistán, San Francisco, en su reflexión llena de compasión sobre el nacionalismo, la miseria, la ignorancia y el resto de males de nuestro mundo.